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domingo, 22 de noviembre de 2015

''Su'' de ella

Así como la noche, venís y te metés abajo de sus párpados, llenándole de niebla la vida, pero no se cree capaz de extirparte así como si nada de sí. Se le retuercen las entrañas al sentir tu acomodo allí, y se enfría el aire, se le congela la carne y le aprieta los nervios. Salta el hueso de la cordura hacia algún punto de la oscuridad ¿cuánto tiempo sin ella otra vez? y le rasguñan sus uñas, le rajan la piel y no sangra, no nada entre la espesura de la satisfacción de un inconveniente deseo que le quema en su garganta. Se le caen los cabellos y se le achinan los ojos ¿qué me mirás así? No hay derecho de poner esos ojos cuando te mirás a vos. Si, a vos. ¿De dónde sacás esa idea de inocencia que cargás? Es simple ignorancia que prefiere en su vientre adoptar para saborear la amargura de la verdad. El reflejos en el espejo no sólo es superficialidad.
Turbulenta raja el cristal y no se arrepiente de no parar a pensar: ¿cuánto más? Baja su mano, recorre con ella su cuello y asume la desgracia ¿suya? De nadie es el suelo que pisa, ni suyo siquiera. Vaga sin rumbo por el norte del alba sin distinguir colores. Vida daltónica que no reconoce el rojo vino de la sangre ni probando su sabor.
Se clavan en su carne espinas de corporal fino como la ceda. Atraviesa su nariz con una pluma blanca que ni la toca, pero que daña su cavidad la ternura que jamás reconoció. Cuchilla de dificultosa visibilidad entre sus alas que la corta cada vez que intenta volar. Palpable bulto de tierra sobre su piel, se pegó a ella la maldad del buen conocer. Sonreí belleza, que el pájaro de un balazo no muere, sino de inmensidad.
Que no se te atore en las comisuras pedazos de abstinencia, ni entre los dedos malvadas ideas. Que entre los senos sólo va el dinero para no perderlo, y quien meta mano ha de ser vetado del placer, condenado mal querer. Que ese recuerdo no es más que un resfrío de la consciencia, date calor y todo va a mejorar.
Calla ese alunado susurro, cerra las puertas de tu mente, que estallen de silencio los tímpanos de la desgracia y acostate a dormir. Que se derrumbe el universo por la tranquilidad que reina en tu tormento.

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