Sus gráciles dedos empapados de blancura se enredan en sus largos y frágiles cabellos negros, mientras que por el rabillo de su ojo esmeralda, el broche bañado en oro que adorna el camisolín, derrocha total hermosura por los halos de luz centelleantes que dispara a quema ropa a tus sentidos más racionales y los convierte en vivas llamas pasionales que sólo podrás apagar con el dulce néctar del mejor escondite de su cuerpo.