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martes, 21 de julio de 2015

Fisura.

-Aunque cierre toda abertura, incluso si no es de mi pleno conocimiento, este inmenso pesar siempre logra encontrar el camino hacia mi soledad, y lo peor es que no entiendo por dónde entra, si tiene pase VIP o ella lo deja pasar. Tal vez haya una fisura en mí que no he encontrado. Una fisura que yo misma creé y no localizo, porque soy ridículamente propensa a ellas. A veces, creo que soy como una más: otra fisura en el lugar físico e inerte que ocupo. Ya sabés, un error.
Se siente como una película que está en continua repetición, un vídeo de baja calidad, una grabación destinada a decir siempre lo mismo; a ser siempre lo mismo: no más que una sombra que no sabe que es oscuridad hasta que no la refleja el sol; la vida proyectada de alguien más. Algo que todos saben que ahí está, pero que nadie nota realmente, a lo cual nadie le da real importancia. Colegio, casa, la calle, simplemente algo que está y estorba, que no es necesario y no haría la gran diferencia su inexistente presencia. Algo por donde todo se escapa. Una completa desilusión.

+Quizás por eso no podés abrazar a la felicidad completamente, y la comprendo, porque hay veces que ni yo quiero estar en mis brazos, contra mi pecho. Y en ocasiones, siento que es como eso: querer abrazarlo. Entonces, sos vos quien se desliza por la fisura y siempre terminás retornando al mismo lugar, porque también soy una y un error no se puede escapar a través de otro.

-Pero giro y no está ahí.

+¿Y cuando te volvés? ¡Está parado enfrente tuyo! Los recuerdos te queman: cosas que solíamos hacer juntos, que no parecían ser grandes reflejadas en los ojos de los demás, pero que eran inmensas en vos. Él quema y yo ceniza que vuelve a arder para ser una vez más ceniza. Es decir, es como si él no estuviera ahí, pero está y no quiere irse en cada suspiro que soltás en su honor. Ha de ser porque no sabe que le pertenecen. Sí, ha de ser.


-Quizás sólo no estoy hecha para la felicidad, o ella no está hecha para mí

+...

-Me duelen las manos del frío al igual que dolían antes de ser yo, después de vos. Solías poder calentarlas a la perfección, pero desde hace algún tiempo eso también se me ha ido escapando de ellas. 

+La ansiedad volvió, ¿no? 

-Y no se va. ¿Cómo haces para matar un amor que creías muerto? 

+Ahí está tu equivocación, no se puede matar el amor... 

-¿Sabes? Me sorprendió el otro día descubrir que sus noches les pertenecen a alguien más. Creo que algo más se rompió.

+Lo siento, algo más de lo que ya estoy rota. Tal vez los retazos se convirtieron en hilillos ¿y sabes? Yo apenas puedo enhebrar la aguja. He intentado coserte por unos largos y tenues meses, pero esto necesita a un profesional.

-O sólo a él. Tal vez necesito retroceder un tiempo atrás y seguir indagando en qué le pasó al gato por curiosear, bañarte a toda prisa para poder estar diez minutos más con él, hablarle de la ingeniera y sus metidas de pata técnicas, pedirle que evite la peluquería por un tiempo para descubrirlo maravilloso bajo su cabello largo, esperar ansiosa los fines de semana para escucharlo leerte o sólo volver a ser alguien que se podía reflejar en sus ojos. Acariciar su corazón con tu rara voz y volver a conocerlo por una canción de su grupo favorito. 

+Me gusta más verte crecer, aunque ahora apenas lo puedas contemplar. Supongo que no podes ser completamente cuando todavía te estás abrazando a lo que ya no sos. Entendé que no tenes que eliminarlo, sino que debes crecer a través de él.

-Sí... me gustaría verme crecer y poder cerrarte sin caerme.

+Sí, sé que soy la fisura, pero todavía no sé dónde estoy.


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