Nunca tuve el placer de saber explayarme con palabras sobre lo que me gusta, sobre la pasión que invade y hace que se regocije mi alma. Esas cosa que suceden sin advertencia pero que de alguna forma son esperadas y, para nuestra afortunada sorpresa, se graban en el alma sin mayores formalidades, sin ceremonia y pocas son las veces que las sabemos proyectar, disfrutar como tales.