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jueves, 14 de mayo de 2015

Mío amor

Que no me pese tu olvido,
pues fue la cobardía de mi alma
la que empujó todo hacia el vacío de tu memoria.

No tengo derecho a alzar la voz y gritar que te quiero,
porque tuve la oportunidad de quererte con toda el alma mía como vos me querías,
pero se me fue encogiendo el corazón por la distancia
y yo sé que vos no podías saberlo si no te lo decía.

Me duele, me pesa, me quema y me atraviesa
el pensar que alguien más habita en tu memoria,
en tus latidos, en tus deseos y que me has lanzado al amargo olvido.


Me siento rota, destruida; despreciable
por cobijar en mi corazón algo que no entiendo
pero que te inculpa con insistencia.

Pero, ¿quién soy yo?
¿Con qué derecho me resiento
ante la valentía de tu corazón al enamorarse?

Me he ganado por mis propios miedos
la amnesia de tus manos, y sin embargo,
escribo con ellas la hipocresía que me dicta la razón
y el nudo que me atraviesa la garganta.

¿Habrá quien pueda rescatar esta, mi alma herida
y devolverle las palabras? Siempre la veo andar con desasosiego
por las calles de mi cuerpo, sin que mis manos sean suficientes
para elevar hacia ella la salvación.

Perdón mi mal amor, no he sabido bien amarte.
Pero ya no me interesa, no. No me atraviesa, no.
Creo que ya no duele, no. Ya no duele.



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