El aire se levanta en la calle por la soledad nocturna de tus pasos,
viva figura curvilínea, posas desnuda cual hoja de otoño
que despoja a las ramas que la sostienen
por vestir algo que nunca será suyo, dejándose pisotear
y resuena a lo lejos, la soledad llamando a la puerta.
Dime perdida mujer, ¿has encontrado el amor que dejaste caer?
Diste por perdido algo que jamás has tenido
y ahora en la acera se te ve,
en la búsqueda de algo que no existe en tu piel,
tal como la calidez que nunca supiste sostener
en un alarido que no provenía del placer.
Mientras sacudes las sábanas de aquella cama,
apuesto que lamentas el hecho de no poder sacudirte la piel
y sin embargo, vas desparramando por toda tu alma
aquella penumbra que te azota contra el suelo.
Esta vez, ¿a quién le vas a ofrecer un fragmento
de tu piel para que te siga destruyendo?

No hay comentarios:
Publicar un comentario