Entre la paz de las olas, se encuentra el torrente de violencia que a veces azota en la orilla de alguien. Es como si tuvieras ganas de vomitar, hace presión en tu garganta, satura tus cuerdas vocales, aprisiona tu cuello. Sin embargo, no encontrás rastro alguno de objeto o manos que lo estén apretando cuando lo examinas. No hay marcas, no hay espuma, nada se ve; nada más que pequeños oleajes en tu costa, arrastrando circunstancias más que conocidas, pero inciertas, propias razones inciertas atascadas, destrozadas que se clavan en la traquea, haciendo presión. La maldita presión.
El impulso titiritero jala de las cuerdas y en un respiro estás de pie, empuñando algo.
- ¿Qué empuña señorita?
-Algo.
-Razonamiento o rabia.
-Rabia, por supuesto. No hay sentidos, no existe control, nada vale más que lo que estas empuñando en el momento en el que todo sucede, aunque lo que blandees no se trate de algo tan noble como el honor de una espada en las épocas pasadas. No existe ni una pizca de cordura para tal atrevimiento rayado en luna.
- ¿Cuánto más piensa ennegrecer las manos que se balancean a los costados de su cuerpo en un vaivén? ¿Las lágrimas de qué fino acantilado prefirió sacrificar en ese centrado escenario de amargura y ceguedad? ¿En qué pensaba, amable señorita?
- No me llamo amable ni señorita.
- No deje ver el aprieto en el que siente que le atrapa el alago de nombrarle un ser amable, ni la delicadeza percibida faltante para nombrarle señorita. No permita que esa incomodidad se escurra como un nudo en la garganta imposible de tragar, que jamás pasa ni se digiere. Le estremece pensar que ese nudo pueda estallar y que las esquirlas una vez más se vuelvan a desparramar ¿A quién se dirigirán la próxima vez? ¿Cuánto más se le volverán a clavar?... ¿O no?
-No dé cosa por sentado.
- No doy nada por sentado, tiene cosas que perder, pero todos las tenemos.
- Hasta que te perdés.
- Bueno, presiento que nadie se pierde realmente, aunque se sienta de esa manera. Simplemente nos toca desprendernos de ciertas cosas para aprender que podemos aferrarnos a otras. Supongamos que es la forma del inconsciente de decirle que no necesita esa relación de dependencia, que está mejor así.
- Que confuso que se volvió todo, ¿qué quiere conmigo?
- Molestarla con lo que tengo que decir.
- Sin decirme nada ya me está molestando infinitamente.
- El infinito está tan sujeto a la subjetividad de cada sujeto, que no me provoca culpa alguna.
- Entonces, como su subjetividad y la mía están sujetas a los mismo términos en cuanto a lo que me molesta, termine de molestarme de una vez y pare de divagar.
- /ríe/ De acuerdo, ¿por qué sentir que está mal calificarla de amable, de señorita, de una persona increíble? Las personas se definen a través de la mirada del otro, no niegue lo que provoca en alguien más. Usted es maravillosa sin ser vanidosa, pero negarlo no la hace más humilde. Puede ser muchas cosas, comience a creerlo.
- ¿Eso es todo?
- ¿Se apaciguó el oleaje?
- La marea sigue subiendo.
- Pero en calma.
- No lo sabremos hasta que nos llegue el agua al cuello.
- ¿Por qué dejar que suba? Reconozca que no es rabia, sino tristeza lo que cobija su corazón. Es fácil violentar la tristeza cuando no se sabe expresar o no se sabe el origen, por eso tome el camino difícil. A veces es sano complicar el sendero.
- Estoy cansada, incluso me cansé de sostener esto apenas lo tomé.
- La resignación no es un camino difícil, no deje que suba ni llegue hasta su costa.
- Ya me abraza de la cintura.
- Entonces escurra todo esa agua, existen otros elementos.
- Me harte de tragar polvo.
- ¿Y prefiere ahogarse?
-Prefiero volar.

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