De la forma en que estaba últimamente,
no se sentía ella misma. Releer y reencontrar lo que por sus manos solía nadar y cosquillear, sólo la hacía sentir más perdida.
¿Quién era aquella mujer que en el afán de no perder,
salía a buscar en una hoja de papel aquello que ni ella misma se podía proporcionar? O tal vez, el hecho de creer dominar el arte de comprender y rellenar unas cuántas pálidas líneas de rugoso palpar, ya no le era suficiente para animar esa pobre alma desabrida que en ella parecía habitar.
Puedo apostar que,
si ahora le vamos a preguntar a quién exactamente ha salido a buscar,
la pobre niña respuesta alguna no nos sabrá dar.
Si ella es quien dice o espera ser,
sabrá que buscar a aquél quien por sus propios medios se fue, una pérdida de tiempo resultará ser
y en la desesperación por salvar algo esencial,
lo primero que hará será reinventar a aquella perdida mujer.

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